Por si te lo perdiste,lo mejor de Argentinos de vacaciones-1ra. temporada-
La ciudad-gente (Argentinos) de vacaciones-Episodio V:
Situación:
Gente: Ella pensó que el café estaba frío antes que se lo traigan, revolviendo en su mente su descontento con una cucharita. Se lo dijo al mozo cuando le dejó el pocillo en la mesa; este sin dejar de sujetar el asa, lo retiró, esperó un minuto en la barra del cafetero y se lo volvió a llevar. Ella al retirarse le agradeció al mozo la cortesía.
La ciudad-gente (Argentinos) de vacaciones-Episodio VII:
Cayó el sándwich sobre la arena,
meditó sobre ello sin dejar de mirar el mar.
(El rebozado de la milanesa se parece mucho
a la estera de la playa, pensó)
estamos hechos de polvo...,
nuestras pasiones son de arena...
(rió evocando a Girondo)
Cogió el sándwiche con la derecha sin perder
de vista el horizonte,
también el crepúsculo se dejó beber lentamente.
La ciudad-gente (Argentinos) de vacaciones-Episodio VIII:
No quería caer en la obvia cursilería
de comprar churros en la playa al atardecer,
pero los tres segundos que duró su resistencia
no alcanzaron para evitar apearse con billetera en mano
en dirección al vendedor.
Con su objetivo cumplido (anticipado desde el sueño)
miraba el horizonte, ahora cargado de dulce de leche,
mientras la tarde se destejía lenta, con toda la paciencia
de un imán de heladera.
La ciudad-gente (Argentinos) de vacaciones-Episodio IX:
Descendió del tren antes que se detuviera:"Estación Mar del plata" leyó ¿Che, que micro me lleva al mar? ,preguntó, y a los diez minutos ya estaba en la playa contemplando: la basura masiva en la arena, el color caca del mar, la opresión del amontonamiento, el incómodo calor que la playa no calma, el piberío sin tutela, la perplejidad de haber salido impulsivamente de Laferrere sin ocuparse dónde parar, ah, y sin ropa.
De pronto tuvo hambre..., compró dos sándwiches de salame.
Uno se lo comió en la intermitencia entre el asfalto y el mar mientras se marchaba...;
el otro en Laferrere.
La ciudad-gente (Argentinos) de vacaciones-Episodio X:
Evocó el refrescante abrazo del aire acondicionado,
¡ se dijo que eso sí era pasarla bien !
Ahora el sofocante calor de la playa, que su suegra,
esposa, hijos, y novio de hija, acrecentaban, le parecía
argentinamente detestable. Pensó que el libro de Camus podría haber empezado" Hoy a muerto mi suegra", pero ni eso alcanzaría.
Se figuró Adán en medio de su oficina porteña, entre árboles de hoja A4, descentralizado de su "pasión crística" familiar.
Entonces le pidió plata al novio de su hija para comprarse un helado, le dijo a su hijo de 5 años que no lo espere a comer, a su esposa la miró y le dijo: "Te lo dije", "adiós" a la suegra, mientras esta le daba un sándwich de pan lactal envuelto en servilleta de papel y le corregía el flequillo decorado de arena.
Se envolvió de horizonte y regresó al vientre de su madre;
enero no alcanzó a distraerlo.
Eran épocas de empezar de nuevo, sin tanto ruido social.
La ciudad-gente (Argentinos) de vacaciones-Episodio XI:
Esperaba su turno en la heladería céntrica, luego de una distraída caminata por la zona peatonal (atestada de gente). Pensó que pida como los pida, los gustos de las cremas heladas nunca iban a estar en el lugar del cucurucho que él deseaba; con ánimo jocoso, sonrió al figurarse que los pedía de tal modo: “tratá de ponerme los gustos al revés de como los vas a poner” o “hacé un cuenco con las cremas heladas y ponele el cucurucho molido en el medio, por favor”
Por la madrugada le costó conciliar el sueño, pensó que haga lo que haga, la vida le iba acomodar los sucesos a capricho en el cucurucho de su existencia, desafiando así sus elecciones….
Por eso, al otro día, esperó la salida del heladero, lo siguió hasta su casa, le robó y lo mató, tiñendo los noticieros del día posterior de un gusto frutilla al agua-sangre. Y no supo qué hacer con el cuerpo…, si primero lo cortaba en partecitas para poder sacarlo del departamento, si primero lo sacaba del departamento y luego lo cortaba, o mejor, primero lo tiraba de una escollera, después lo cortaba en el mar y a posterior lo enterraba en un descampado, mmmhh…. En fin, el tiempo acomodó esta serie de sucesos como quiso.
Mientras se dirigía nuevamente a otra heladería, pensó que si él fuera gusto de helado ¿dónde lo pondrían?, ¿dentro o fuera del cucurucho?
Siguiendo en camino, se derritió en estas disquisiciones. Ahora era chocolate amargo en la vereda del balneario, inconmovible ante: las ojotas de playa, las pelotas, las tablas de surf, los bronceados de verano; o mejor: ante las tablas de surf, las ojotas, los bronceados; o : pelotas, tablas,…
La ciudad-gente (Argentinos) de vacaciones-Episodio XII:
Odió pasar por la acera de la heladería peatonal, la gente que sorbe su helado afuera siempre le pareció que conjugaba disímiles sensaciones: perplejidad, desgano, apariencia de roce social, desventura, insipidez, encanto desfasado, anacronismo telelológico; esto y muchas otras cosas más pensó, sumado al vulgar olor a cucurucho masticado, y, la visual de frágiles servilletas manchadas que, cuales mariposas variopintas, se posaban sobre las mesas servidas de polen de helado multicolor; todo esto no alcanzó a desviarlo de la vereda, pues la turba enrarecida por el frágil encanto de las vacaciones que atestaba la peatonal, no le parecía menos incómodo. Por eso respiró hondo, y mantuvo el aire para cruzar la heladería, y así lo hizo..., si no fuera porque chocó con otra persona que también contenía el aire, y cuyos alientos se cruzaron al golpe, evitando así también la inhalación de esos aromas.
Lo cierto es que hicieron el amor toda la noche, o tuvieron sexo que es casi lo mismo, mientras el chocolate con almendras conjugaba un ombligo con el suyo, mientras durara el néctar de la fruta madura escanciado por suaves pliegues de la epidermis, mientras el durazno era transportado por un dedo en su boca, apartando hacia sí un labio que no ofrecía resistencia alguna..., esto duró como dijimos sin tiempo, o hasta que el dulce de leche hubo perdido su encantado y atractivo sabor veraniego a pubis de extraño.
La ciudad-gente (Argentinos) de vacaciones-Episodio XIII
-Último,fin de temporada!-
La de preocupaciones, despojada atmósfera de la playa solitaria, lo indujo a pensar nuevamente en aquello que últimamente le quitaba el sueño: la posibilidad de morir de viejo sin haber salido del cascarón...; caminando suavemente sin marcha, se alejó del lugar donde quedó anclado ese pensamiento, y unos ángulos por debajo del horizonte, allí donde clavó su mirada, echó a volar esta curiosa similitud: a menudo, cuando cocina en su alquilada casa de soltero, las papas al horno se le queman por fuera, sin estar cocidas dentro( esto jamás lo pudo evitar!): pensó también en las únicas dos veces que hizo pizzas, doradas fuera, engrudo por dentro...; siguió caminado y, fijando su punto de visión unos ángulos aún más abajo que el punto anterior y compartido con media ala de gaviota que continuaba con su curso, se acordó violentamente la vez que quiso hacer el amor con una mujer mayor que él, y no lo logró, ya que la erección no se manifestó en su cuerpo de diez años...mmhh...; los grumos de la Vitina entonces, prosiguió, también guardan dentro de sí la ancestral sabiduría de lo crudo dentro del mar de lo cocido; se recordó sietemesino...(la última playa virgen de su mente estalló...!)
Pasmado prosiguió estrenando directrices angulares donde pretendía fijar sus ojos, donde no fuera, por favor, en esos abalorios de coincidencias.
Al llegar al departamento, a solo tres cuadras de la playa, lo despejó un poco la atención que le procuró el hambre, y se dijo "no pienso cocinar", sin duda evitando así lo que sería la constatación de lo que indudablemente no lo postergaría más a la muerte.
Con un paquete, el pibe del delivery llamó a su puerta.
Inmediatamente lo abrió y puso las papas en un plato.
El pibe de la moto se demoraba en la puerta, ordenado los billetes.
Cortó histriónicamente una papa, con la suavidad del instante fatal.
El ruido del caño de escape ahogó el estruendo del tiro que a los tres días, los nuevos veraneantes de la costa, constataron en la nuca del inesperado habitante de sus vacaciones.
Para esto, el crepúsculo, yacía enfermo de venosas y superfluas cavilaciones.
Ah, y cuando lo enterraron, aún le quedaban dos minutos de vida...
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