Argentinos de vacaciones XIII (2da. temporada)-Última entrega-
Pablo prescribe al sol, y anota en su libreta de mano 'Pablo prescribe al sol', luego se detiene sin saber como seguir, intuyendo que el sol lo sigue escribiendo continuamente por el.
Lejos de esta situación, en una peatonal céntrica de la costa,una niña observa pasmada como su torre de helado cucurucho se estrella contra el piso y, cuando los músculos de su cara se contraen en la anunciación del llanto, en ese mismo instante,Pablo escucha como una ola inmensa irrumpe violenta y suavemente contra las piedras de un murallón, y ese sonido gigante, hermoso, sale despavorido como espuma que alcanza a mojarle las piernas en límpidos cristales; ese sonido lo envuelve, lo bautiza, y ahora, él hace una reverencia bajando un poco la cabeza y juntando la manos, entonces una sonrisa se le enamora en la cara.La ola lo alcanzó a distraer.
A la noche,en su diario protegido por un candado de plástico violeta sin llave, la niña escribe: 'Una niña observa pasmada como su torre de helado cucurucho se estrella contra el piso', y sin saber como seguir escribiendo, su cavilación es interpelada de repente por un sonido que entra por la ventana acompañado de viento y voladura de cotinas, una ola que rompe entre las piedras y eleva su mantra final hacia su ventana; entonces corre las cortinas y siente como la brisa oceánica le acaricia su sonnrojada cara; respira profundamente y una hermosa sonrisa se le dibuja en el rostro.
Sin intuirlo nunca son escritos por la estación estival, son sólo tinta del estío que los ecribe.
martes, 21 de febrero de 2012
lunes, 13 de febrero de 2012
Argentinos de vacaciones XII (2da. temporada)
Argentinos de vacaciones XII (2da. temporada)
Instado por el agobiante calor,sintió como los médanos de la piel de la orografía costera lo hundían en el desamparo.Lo único que lo mantenía en la superficie era una frase que se repetía a si mismo varias veces al día: "Voy a abrir una cajita que me recuerde a ti" Pero no iba dirigida a nadie en especial,precisamente eso la hacía más lacónica, y era precisamente ese cálido anhelo en la ausencia, esa dirección tácitamente inexistente lo que hacía mas palpable esa elegía; ese contexto romántico, cuyo pasado no lo dejaba reconectar;era como un predicado sin sujeto, conjugado por extraños terceros.Quien no se precipitó a predicarlo fue el verano con epítetos que le parecieron insultantes y evitó traducir y esquivar con el significado de la palabra víctima, que nunca,de todos modos,podría evitarlo.Tenía todo menos una vida para vivir.
Fue entonces que ajustó su reloj acuático en hora dispar a la real,se alejó abruptamente de la playa,subió a su coche y se dirigió a la capilla de las afueras del balneario; entró a la iglesia vacía y esperó...
Al cabo de tres horas y media se le acercó un sacerdote, y luego de cruzar una breves palabras formales, obligó amablemente al cura a cerrar con llave la puerta de la iglesia,lo condujo al presbiterio y subiendo dos escalones de mármol lo tiró al piso, le bajó los pantalones y lo violó varias veces esa noche.El joven sacerdote no opuso resistencia alguna y el victimario pudo sentir que el religioso estaba habituado a esas prácticas, de hecho le pedía 'más'.
Al término se fue despacio por la puerta que lo vió entrar y nadie lo buscó nunca por nada.Se preguntó si esa sensación de impunidad e indiferencia era la que sentían cientos de sacerdotes que destilaban pedofilia por sus poros, regando de inocentes víctimas niños el planeta a través de los siglos, ocultos en la mejor excusa:la vacua religiosidad para tontos.Se preguntaba eso y también sobre la inmutabilidad de la sociedad que,triste y retrógrada, seguía amparando esas prácticas aún en el siglo veintiuno, ese imperio de sádicos impunes.
Entre otras cavilaciones del mismo tenor, corrió las manecillas de su reloj a la hora exacta, respiró profundo y susurró: "Voy a abrir una cajita que me recuerde a ti", y por primera vez extrañó fuertemente a Sara.
Instado por el agobiante calor,sintió como los médanos de la piel de la orografía costera lo hundían en el desamparo.Lo único que lo mantenía en la superficie era una frase que se repetía a si mismo varias veces al día: "Voy a abrir una cajita que me recuerde a ti" Pero no iba dirigida a nadie en especial,precisamente eso la hacía más lacónica, y era precisamente ese cálido anhelo en la ausencia, esa dirección tácitamente inexistente lo que hacía mas palpable esa elegía; ese contexto romántico, cuyo pasado no lo dejaba reconectar;era como un predicado sin sujeto, conjugado por extraños terceros.Quien no se precipitó a predicarlo fue el verano con epítetos que le parecieron insultantes y evitó traducir y esquivar con el significado de la palabra víctima, que nunca,de todos modos,podría evitarlo.Tenía todo menos una vida para vivir.
Fue entonces que ajustó su reloj acuático en hora dispar a la real,se alejó abruptamente de la playa,subió a su coche y se dirigió a la capilla de las afueras del balneario; entró a la iglesia vacía y esperó...
Al cabo de tres horas y media se le acercó un sacerdote, y luego de cruzar una breves palabras formales, obligó amablemente al cura a cerrar con llave la puerta de la iglesia,lo condujo al presbiterio y subiendo dos escalones de mármol lo tiró al piso, le bajó los pantalones y lo violó varias veces esa noche.El joven sacerdote no opuso resistencia alguna y el victimario pudo sentir que el religioso estaba habituado a esas prácticas, de hecho le pedía 'más'.
Al término se fue despacio por la puerta que lo vió entrar y nadie lo buscó nunca por nada.Se preguntó si esa sensación de impunidad e indiferencia era la que sentían cientos de sacerdotes que destilaban pedofilia por sus poros, regando de inocentes víctimas niños el planeta a través de los siglos, ocultos en la mejor excusa:la vacua religiosidad para tontos.Se preguntaba eso y también sobre la inmutabilidad de la sociedad que,triste y retrógrada, seguía amparando esas prácticas aún en el siglo veintiuno, ese imperio de sádicos impunes.
Entre otras cavilaciones del mismo tenor, corrió las manecillas de su reloj a la hora exacta, respiró profundo y susurró: "Voy a abrir una cajita que me recuerde a ti", y por primera vez extrañó fuertemente a Sara.
lunes, 6 de febrero de 2012
Argentinos de vacaciones XI (2da. temporada)
Argentinos de vacaciones XI (2da. temporada)
-Alto enero
-¿Qué?, contestó el amigo.
-Alto enero, así llamo a la parte del mes que transcurre del 23 al 31.
-Ah..., mirá!
Intercalado por extensos silencios,así era el aura de las conversaciones que dos amigos sostenían sentados en el costado de un extremo del murallón, cada uno con las piernas juntas entrelazadas por sus brazos, y con esa mirada que empieza por la nuca, que acusa tensión entre visión contemplativa y paisaje.El viento los despeinaba y murmuraba 'piedra libre' a la marítima sal de sus rostros.
Hacía ya una semana que el sol los bronceaba lento sin preocupaciones y los acechaba con el peligro de sus rayos ultravioletas; y eran las primeras vacaciones que pasaban juntos.
Un poco habían pensado que ello era sinónimo de diversión, distensión, locuras, despreocupación, tiempo de 'ser otro',licencias de todo tipo,etc.
Pero lo cierto es que no encontraron,siquiera buscaron, ese tipo de deshumanización en la que el tropel gentío suele abrevar industrialmente.
Pasaban horas conversando de asuntos que jamás hubieran prestado atención, y otras tantas con cosas que nunca antes habían surgido.Se contemplaban, se miraban a la cara largamente vislumbrando insondables respuestas,abisales preguntas, 'nadas' escarpadas.Una vez, uno de ellos pensó que el hondo rostro reflexivo del amigo, hacía el mismo ruido que el alto flamear de una bandera un día ventoso. Serias las reflexiones cobraban solemne presencia, y cada uno cuidaba lo que el otro parecía descuidar.
En fin, resulta que el verano fue la excusa para que estos muchachos apuntalaran su educación hacia el zumo de la existencialidad humana, para que hicieran contacto y a través de ellos con la humanidad toda, con el solapado núcleo que cada uno alberga sobre el origen de la realidad.Comprendieron el valor del encuentro, del noble trato,del conocimiento y la actitud hacia este, de lento caracol del aprendizaje,de la escucha, del abrazo sincero jamás traicionero, del milenario desvío de la raza.
A la vuelta en el micro supusieron en silencio la terrible y aciaga lucha que les esperaba en la vida, el ahogo cíclico de todo lo que había aflorado, el escape del círculo eterno de las apariencias, el palo en la rueda de la vida y la muerte.
Uno de ellos compartió el último sandwich del verano, y al mirarse se rieron cómplicemente.
El alto enero culminaba lánguido en la ruta, y los transportaba en ómnibus a sus casas, y no sin querer hizo una reverencia estacional a los dos chicos que por primera vez lo dotaron de un significado diferente.
Al día siguiente dio comienzo a febrero, y hasta el fin del verano no encontró nada inusual en sus playas.
-Alto enero
-¿Qué?, contestó el amigo.
-Alto enero, así llamo a la parte del mes que transcurre del 23 al 31.
-Ah..., mirá!
Intercalado por extensos silencios,así era el aura de las conversaciones que dos amigos sostenían sentados en el costado de un extremo del murallón, cada uno con las piernas juntas entrelazadas por sus brazos, y con esa mirada que empieza por la nuca, que acusa tensión entre visión contemplativa y paisaje.El viento los despeinaba y murmuraba 'piedra libre' a la marítima sal de sus rostros.
Hacía ya una semana que el sol los bronceaba lento sin preocupaciones y los acechaba con el peligro de sus rayos ultravioletas; y eran las primeras vacaciones que pasaban juntos.
Un poco habían pensado que ello era sinónimo de diversión, distensión, locuras, despreocupación, tiempo de 'ser otro',licencias de todo tipo,etc.
Pero lo cierto es que no encontraron,siquiera buscaron, ese tipo de deshumanización en la que el tropel gentío suele abrevar industrialmente.
Pasaban horas conversando de asuntos que jamás hubieran prestado atención, y otras tantas con cosas que nunca antes habían surgido.Se contemplaban, se miraban a la cara largamente vislumbrando insondables respuestas,abisales preguntas, 'nadas' escarpadas.Una vez, uno de ellos pensó que el hondo rostro reflexivo del amigo, hacía el mismo ruido que el alto flamear de una bandera un día ventoso. Serias las reflexiones cobraban solemne presencia, y cada uno cuidaba lo que el otro parecía descuidar.
En fin, resulta que el verano fue la excusa para que estos muchachos apuntalaran su educación hacia el zumo de la existencialidad humana, para que hicieran contacto y a través de ellos con la humanidad toda, con el solapado núcleo que cada uno alberga sobre el origen de la realidad.Comprendieron el valor del encuentro, del noble trato,del conocimiento y la actitud hacia este, de lento caracol del aprendizaje,de la escucha, del abrazo sincero jamás traicionero, del milenario desvío de la raza.
A la vuelta en el micro supusieron en silencio la terrible y aciaga lucha que les esperaba en la vida, el ahogo cíclico de todo lo que había aflorado, el escape del círculo eterno de las apariencias, el palo en la rueda de la vida y la muerte.
Uno de ellos compartió el último sandwich del verano, y al mirarse se rieron cómplicemente.
El alto enero culminaba lánguido en la ruta, y los transportaba en ómnibus a sus casas, y no sin querer hizo una reverencia estacional a los dos chicos que por primera vez lo dotaron de un significado diferente.
Al día siguiente dio comienzo a febrero, y hasta el fin del verano no encontró nada inusual en sus playas.
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