jueves, 20 de diciembre de 2012

Listo



-Yo moveré el fuego, no te preocupes,
tu divisa las azulinas manchas en el aire.
Ellos ya están acá,el viaje acabó.
Ahora sólo apurar la dulce espera,
la salvaje constatación de que no existimos.
Siempre fue así.-

31-8-12

sábado, 18 de agosto de 2012

La ininterrumpida noche

La ininterrumpida noche
ha mecido tu mente hasta
un amnésico espasmo temporal.

Tu deambulante subjetividad
no se despidió de ti.

Mientras, la luna tejía
opiáceas sombras
aún entre los mortales.

El viento de la noche extraña
sacudió la no vida.
Sólo en sueños
despertarás.

sábado, 14 de julio de 2012

“Ave y náda: mutan”



“Ave y náda: mutan” es una especie de 'micronovela' por entregas que, originalmente,se publicó en facebook en 2011. El límite de caracteres por entrada impuso formalmente la secuenciación. Coqueteos con evocaciones creacionísticas de la humanidad, con señas literarias y con un inaprensible otro lado que parece inherir la realidad a su antojo.


Ave y náda: mutan  (Completo)

(Part.1)-Arrastra el espejo resquebrajado, a través de una cadena, desde donde le sonríe fantasmal la mueca rota de Dorian; soñó con Samsa milenios antes de Kafka... y es aquí donde Narciso abandona, abatido, nuestra historia... 

(Part.2) Nunca antes necesitó relacionarse con los rasgos de su retrato, pero eso fue pasado. Diapasón de ternura inasible, cogió tres tubos de oleo al azar, los vació frenéticamente en sus manos y después de rozar suavemente sus genitales, balbuceaban en su boca ya, destellos impresionistas del siglo diecinueve. Desnudo y embebido en una panorámica posmoderna que se alejaba en alto y giraba lentamente, nuestro devenido Adonis abandona nuevamente nuestro cuadro del relato, temblando-sudores-plásticos.   

(Part.3)Le devolvió al día una mirada bizantina, robusta, clara y con el futuro a cuestas de la lozana y prometedora Nueva Roma (que no se fundaba nunca en su antropomorfismo); hincó su rubor sobre un despecho. Ya preso de la inercia inevitable de su transformación y sabiéndose  derivado de la trama victoriosa, o al menos pasable, tragó saliva yaciendo en el suelo, ensoñado pero en paz con la caducidad; y con estos estertores rodó hacia la próxima escena. 

(Part.4) Invulnerable quiso ser ante la evocación  de su mirada, pero el futuro  preñado de pasado dio  luz a un claro-oscuro presente anverso. Recordó  así, su paladar, el amargo del óleo, y pensó  que azul es un buen sabor para cambiar de fase…, lo  utilizó entonces para fundirlo en degradé con el rojo de su sangre, que como paranoica costurera le hubiera mal zurcido su seno con ese frágil hilo rojo,  y mutar, así, de escena. 

(Part.5a) Disolvióse su último rasgo de ensueño en un néctar prohibido y despertó  inmerso en una ciclópea noche de luna llena. Contemplóse  sumergido en una iridiscente  nocturnidad de sierras recortadas, cuyo oficio sólo consiste en rasgar  cognitivos pliegues  sin coordenadas de sujeciones temporo-espaciales.

(Part.5b) Estaba desnudo pero sano; de pronto recordó que soñó que lo soñaban muerto y decidió que no sería de tal modo. Brindó entonces por ello en un arrebato erógeno, sólo con su acompañada soledad (la piel de las piedras como terciopelo); y  observado por un cíclope cuyo ojo crecía, crecía y se lo tragaba, era transportado así en un líquido jadeo de esta  noctámbula escena. 

(Part.6) Dio vuelta la hoja de un extraño libro, y al detenerse en el significado de la segunda palabra, despertó; el cíclope nocturno transformado ahora en oda al día, le había amado la piel con su lengua de fuego. Se supo corpóreo, pero notó que carecía de materialidad por debajo de una línea divisoria que unía su costilla inferior izquierda con su cadera derecha. La rotunda comprensión de ese vacío lo cambió incontemplablemente, de escena. 

(Part.7) Materializóse sentado cómodamente en un escritorio a la luz de una hermosa y cálida tenuidad que propiciaba la reflexión, detuvo su lectura y repitió tres veces a modo de mantra: "La lectura no agota el sentido". Un exquisito masala lo transportaba lentamente hacia una lejanía abrazadora e inevitable, a medida que la musa de humo que lo habitaba, ascendía por el palillo encendido sobre un plato chino a modo de aceptado futuro propio. Sintió un hormigueo total en el cuerpo, acompañado de una verde luz fosforescente que le expandió su materialidad y lo empujaba a una hiper-conciencia no corpórea que no terminaba de comprender, asido a un cambio de escenario.

(Part.8 -FINAL-) Zurcido desde siempre a la trama planetaria de tiempo y espacio, escupió la cronología histórica de la humanidad rastreable hasta entonces. De todos modos, supo, que en las historias perdidas puede uno encontrar remansos de bienestar. Predijo el devenir de la raza humana en función de albédricos sucesos y con la nostalgia, no la de haber perdido sino la de no haber alcanzado lo suficiente, se cercioró de un inmanente solo durar, como velador que espera encendido en una pieza sin nadie. Inquieto pero pasivo, se desligó de su creación en otra proyección mental que comenzaba con él arrastrando un espejo roto, ahora hecho mujer...


sábado, 7 de julio de 2012

INCONCLUSIONES I y II


INCONCLUSIONES

I
                                                      INTEMPESTIVIDAD
“Intempestividad” dijo, dijo  y de  inmediato empezó a buscar en su mente cuál habría sido la pregunta para semejante respuesta conclusiva. No la encontró y no le preocupó; tampoco el final de su curso introductorio, pues ahora bajaba altivamente las escaleras de su nueva y flamante facultad y se hundía en la marejada de gente que alimentaba tan bien, su  poca estima.
“Intempestividad” pensó su compañero despreocupadamente, mientras se desacomodaba la estructura del pantalón frente al mingitorio, y repetía la palabra como mantra a la que a su vez se le sumaba el ruido del sepio líquido al estrellarse condenadamente y sin gestiones contra el blanco cerámico; por un segundó se convenció al creer que allí, entre el espacio de esa bipolar polifonía, residía su significado.
“In-tem-pestividad” le dijo un ayudante al otro al finalizar la cursada, mientras sacaba amaneradamente un cigarrillo del paquete de su campera, se apresuraba a prenderlo y a tragar el humo, para luego largarlo estrepitosamente y con una risa un poco forzada en dirección a su colega, buscando su complicidad, (manierismo que, amnésicamente, repite desde hace siete años cuando quiere dejar entrever en el otro: calidez, despreocupación y afanosa atención). Ella lo miró, y con otra mueca forzada aunque más parca, pensó que no le interesaba la cuestión, ni él, ni la cátedra.
“Intempestividad” pronunció el profesor titular cuando subió a su automóvil y se ajustaba el cinturón, pensando que el interior del auto le propiciaba una oquedad perfectamente ecualizada, que transformaba los sonidos exteriores en arrullos oníricos y dotaba de absoluta solemnidad aquel concepto. La vibración del auto lo relajó y se apoyaba en aquellas sílabas como almohadas suavemente perfumadas.
Intempestividad fue lo que escucho el decano desde el teléfono, de parte del profesor con más peso político de su facultad, y no llegaba a comprender todavía como, aquello, le trastocaba inmediatamente toda su gestión.
Intempestividad fue aquél enorme edificio de silencio, que como rezo de estuco, compartieron el decano con su hijo, que llegaba de terminar su curso de ingreso. Sentados a la mesa de una triste comida se habían dejado de hablar hacía tiempo; hacía tiempo habían dejado de compartir sus meras existencias provisorias, y con ello, la posibilidad del encuentro que salvara sus vidas, o siquiera, el tiempo que gastasen en conservar sus huesos. Aquello compartido, ese perplejo silencio, fue lo más parecido a una familia que tuvieron nunca.
Ahora, un director teatral se entregaba, hedónico, al sueño y se figuraba la siguiente  escena: una luz ocre se desvanecía lentamente, hasta quedar fija en una tenuidad que descubría una mesa servida con dos seres sentados ante ella, estáticos, atemporales; las espesas sombras los carcomían, los infinitizaban de espanto. Se figuró que le  contaba esta escena a su productor y este le decía que, ya que la obra no tenía principio, le parecía un final “Intempes…”
“ ...tivo” ya formó parte de su sueño, y ahora era su mascota onírica, una gaviota de mercurio líquido que, volando a la par de otra desconocida con cuyas alas se rozaban, lo trasladaba al país de los salvos: esperanzado lugar de residencia después de tanta muerte.


II
DÁRSENA
Sentado sobre su cadáver, es consultado sobre el mundo de los vivos.
Responde en un necrolenguaje que se sabe teológico-político.
La premura se abre ante sus dichos, no se le interpelan sus discursos:
la cita a ciegas es con la cognición.
La envolvente semántica transformó el mundo en recipiente de necrovivos.
No se ensimisma la mirada por costumbre y marketing, no vende.
El mundo es lo que quedó de lo que no fuimos.
Asistimos sin tardanza al desencuentro perpetuo con el ser.
Morimos a la muerte. Permanecemos.

sábado, 23 de junio de 2012

Oximorones, reflexiones, prosa poética, otros


Oximorones, reflexiones,  prosa poética, otros
 
-Uno de uno, solo, individual, uno, mismo,
autoreferencial, único, desacompañado, singular,
centripetado, atomizado, antidesconcentrado,
unísono,blanco, impar...,
(Adán muere , con todas las costillas.)-
 
-La cumbia aprieta el calor contra el asfalto;
sube la temperatura, precipita la verano.
Inasible y ajena, (la ciudad, su alma de estuco)
en plegarias se eleva-
 
-Él quiere que seamos laicos-
 
-Avanza lo que no-
 
-Las cuestiones nos llevan a puertas; abrirlas es enterarse lo que podríamos ser-
 
-Lo que no pasó, ocupa lugar, dije-
 
-La realidad es software-
 
-Lo que somos es lienzo pintado por otros; lo que no: abandonado cuadro en sótano envejeciendo por Dorian-
 
-Seguir siendo aquello que nunca fuimos-
 
El mundo es lo que quedó de lo que no fuimos.
Asistimos sin tardanza al desencuentro perpetuo con el ser.
Morimos a la muerte. Permanecemos.
 
-Enmohece lo no vivido al abrazo de un pálido sol-
 
-La frágil férrea razón de no tenerla-
 
-Nada existe, lo único verdadero es atisbo de trama invisible-
 
-Entender el mundo en que vivimos, antes que él se desentienda de nosotros-
 
-El sentido es un caballo tironeado por múltiples jinetes egoístas-
 
-El único problema de transformarse en lata de arvejas en medio de un supermercado, es el de tener que pagar por uno mismo al salir, ¿no?-
 
-¿Cuáles son tus lecturas?
- y ..., son eclécticas en una dirección y direccionadas en un eclecticismo-
 
-Buscar elementos, esas cosas, para asir el domingo-
 
-Experto en no serlo-
 
-Al abrigo de la intemperie-
 
-Cega la opacidad-
 
-Lo que suma son los motores de sustracción-
 
-Dejar pasar para ir más rápido-
 
- Hay cosas que se sostienen solas, la idiotez solo con poder –
 
- Perenne el deshacimiento –
 
- Reproduce lo que no nace, tu fecundidad estéril –
 
- La desculturalización como rutina –
 
(Antes que enero muera): Rasgar conversaciones, lindar reflexiones que van más allá, optar por el rapto de lo estético, genera iridiscencias que culminan en el positivismo fin, sin más.
 
- Redimió la mariposa de metal el pesar de sus congéneres orgánicas; sus alas de mercurio líquido entendieron el silencio...-
 
-En gente: divide el múltiplo, duele la cantidad sustraída a la ínfima fracción necesaria para sumar, se omite en la potencia la necesidad sana de no exagerar, se arrodilla al ocaso, busca fractales en tu corazón-
 
-Un ser perdido en el tiempo y espacio clama por las coordenadas que lo existan, recibe un eco amnésico; suyo es el mareo y la consumación-
 
¿Incertidumbre fundamentada o certidumbre sin fundamentos? ,¿De qué lado estabas?
 
-Eligió un día cualquiera, le dijo chau a las coordenadas que lo existían, optó por no ser mas voluble, se deshizo de su estructura molecular; sus ropas caídas al descuido fueron recogidas entre perplejidad y angustia. Una nueva flor iluminó el nuevo espacio en el revés de las cosas-

-Rebasado en estos días el cuenco del alma, juntador de candores humanos, la chorreada ha iluminado la casa, y sí, ha transformado toda la materia en luz-
 
Bienvenido febrero

Como abanico de 28 dobleces, asomóse febrero al inevitable hechizo del devenir anual. Despidió a su hermano primogénito sin haberlo conocido, con esa rara tristeza de lo que no deja de ser familiarmente ajeno. En sus primeras suaves inspiraciones supo de antemano que viviría menos que su hermano, como un presagio que nunca acabó de elegir la ambigüedad como amante. Eso no lo distrajo, apenas joven, supo que podía cambiar el mundo; que en esos dobleces residía, justo, lo necesario para armar y desarmar, empezando por la mente...
 
 

miércoles, 20 de junio de 2012

OMISIONES DE METAL (V al VII)




V


Una fruta madura, masera su propio árbol dentro

La idea es en extremo frágil y vulnerable pensó,
crece tímida y a merced como hierba verde en la nieve.
Siendo así su germen, genera poderosos caballos
 con jinetes, absortos en su férrea y acabada materialidad.
¿Cómo coser estas cuentas a un mismo collar?,
¿acaso para el cuello de quién?
Una fruta madura, masera su propio árbol dentro;
al tiempo de su precipitación no deja nunca de caer,
pero sucumbe ante tu pensar.

VI
 Cesó el sol indeleble


Cesó el sol indeleble al paso del trapo con alcohol.
 Una noche de carbonilla se cernió sobre su mundo.
 Montado a una hebra mental cosida
 a un pliegue de sensación no vivida...
 desteñía así la luz de los vivos del mundo.
 El corazón como bomba de óleo
 cumplió su promesa de opacidad cegadora.
 Surgió de la noche espesa junto a sus esferas.
 Arrastró los instigadores del orbe en pinceladas de color.
 Calcó su mundo.
 Fulguró de toda tenuidad.

 ( A Chempesaurio. A los plásticos.) 


VII
 Se lanzó escaleras abajo

Se lanzó escaleras abajo solo para escuchar
el grito con que, la inmensidad láctea,
hendía la madrugada silente.
Estatua quedó mirando la noche
regada de luminiscencias hasta
que el cuello no pudo más.
Entonces puso la pava, sólo para
acompañar el candor de su calentamiento,
que bullía misterios galácticos y policiales.
Sudó todo un Egipto,
conspirado de devenidos faraones.
La noche seguía cayendo sin fin, como
angustia en corazón de madre sin justicia, sin hijo.
 Dentro de miles de pirámides humanas resonaba
a la misma hora, lento como camello,
un cerrado eco amnésico: "hasta encontrarlos"

(A Rosa Schonfeld. A Juan Gelman.)