“Ave y náda: mutan” es una especie de 'micronovela' por entregas que, originalmente,se publicó en facebook en 2011. El límite de caracteres por entrada impuso formalmente la secuenciación. Coqueteos con evocaciones creacionísticas de la humanidad, con señas literarias y con un inaprensible otro lado que parece inherir la realidad a su antojo.
“Ave y náda: mutan” (Completo)
(Part.1)-Arrastra el espejo resquebrajado, a
través de una cadena, desde donde le sonríe fantasmal la mueca rota de Dorian;
soñó con Samsa milenios antes de Kafka... y es aquí donde Narciso abandona,
abatido, nuestra historia...
(Part.2) Nunca antes necesitó relacionarse con
los rasgos de su retrato, pero eso fue pasado. Diapasón de ternura inasible,
cogió tres tubos de oleo al azar, los vació frenéticamente en sus manos y
después de rozar suavemente sus genitales, balbuceaban en su boca ya, destellos
impresionistas del siglo diecinueve. Desnudo y embebido en una panorámica
posmoderna que se alejaba en alto y giraba lentamente, nuestro devenido Adonis
abandona nuevamente nuestro cuadro del relato, temblando-sudores-plásticos.
(Part.3)Le devolvió al día una mirada
bizantina, robusta, clara y con el futuro a cuestas de la lozana y prometedora
Nueva Roma (que no se fundaba nunca en su antropomorfismo); hincó su rubor
sobre un despecho. Ya preso de la inercia inevitable de su transformación y
sabiéndose derivado de la trama
victoriosa, o al menos pasable, tragó saliva yaciendo en el suelo, ensoñado
pero en paz con la caducidad; y con estos estertores rodó hacia la próxima
escena.
(Part.4) Invulnerable quiso ser ante la evocación de su mirada, pero el futuro preñado de pasado dio luz a un claro-oscuro
presente anverso. Recordó así, su
paladar, el amargo del óleo, y pensó que
azul es un buen sabor para cambiar de fase…, lo
utilizó entonces para fundirlo en degradé
con el rojo de su sangre, que como paranoica costurera le hubiera mal zurcido
su seno con ese frágil hilo rojo, y
mutar, así, de escena.
(Part.5a) Disolvióse su último rasgo de ensueño
en un néctar prohibido y despertó
inmerso en una ciclópea noche de luna llena. Contemplóse sumergido en una iridiscente nocturnidad de sierras recortadas, cuyo
oficio sólo consiste en rasgar cognitivos pliegues sin coordenadas de sujeciones
temporo-espaciales.
(Part.5b) Estaba desnudo pero sano; de pronto
recordó que soñó que lo soñaban muerto y decidió que no sería de tal modo.
Brindó entonces por ello en un arrebato erógeno, sólo con su acompañada soledad
(la piel de las piedras como terciopelo); y
observado por un cíclope cuyo ojo crecía, crecía y se lo tragaba, era
transportado así en un líquido jadeo de esta
noctámbula escena.
(Part.6) Dio vuelta la hoja de un extraño
libro, y al detenerse en el significado de la segunda palabra, despertó; el
cíclope nocturno transformado ahora en oda al día, le había amado la piel con su
lengua de fuego. Se supo corpóreo, pero notó que carecía de materialidad por
debajo de una línea divisoria que unía su costilla inferior izquierda con su
cadera derecha. La rotunda comprensión de ese vacío lo cambió
incontemplablemente, de escena.
(Part.7)
Materializóse sentado cómodamente en un escritorio a la luz de una hermosa y
cálida tenuidad que propiciaba la reflexión, detuvo su lectura y repitió tres
veces a modo de mantra: "La lectura no agota el sentido". Un
exquisito masala lo transportaba lentamente hacia una lejanía
abrazadora e inevitable, a medida que la musa de humo que lo habitaba, ascendía
por el palillo encendido sobre un plato chino a modo de aceptado futuro propio.
Sintió un hormigueo total en el cuerpo, acompañado de una verde luz fosforescente
que le expandió su materialidad y lo empujaba a una hiper-conciencia no
corpórea que no terminaba de comprender, asido a un cambio de escenario.
(Part.8 -FINAL-) Zurcido desde siempre a la
trama planetaria de tiempo y espacio, escupió la cronología histórica de la
humanidad rastreable hasta entonces. De todos modos, supo, que en las historias
perdidas puede uno encontrar remansos de bienestar. Predijo el devenir de la
raza humana en función de albédricos sucesos y con la nostalgia, no la de haber
perdido sino la de no haber alcanzado lo suficiente, se cercioró de un
inmanente solo durar, como velador que espera encendido en una pieza sin nadie.
Inquieto pero pasivo, se desligó de su creación en otra proyección mental que
comenzaba con él arrastrando un espejo roto, ahora hecho mujer...
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