miércoles, 20 de junio de 2012
OMISIONES DE METAL (V al VII)
V
Una fruta madura, masera su propio árbol dentro
La idea es en extremo frágil y vulnerable pensó,
crece tímida y a merced como hierba verde en la nieve.
Siendo así su germen, genera poderosos caballos
con jinetes, absortos en su férrea y acabada materialidad.
¿Cómo coser estas cuentas a un mismo collar?,
¿acaso para el cuello de quién?
Una fruta madura, masera su propio árbol dentro;
al tiempo de su precipitación no deja nunca de caer,
pero sucumbe ante tu pensar.
VI
Cesó el sol indeleble
Cesó el sol indeleble al paso del trapo con alcohol.
Una noche de carbonilla se cernió sobre su mundo.
Montado a una hebra mental cosida
a un pliegue de sensación no vivida...
desteñía así la luz de los vivos del mundo.
El corazón como bomba de óleo
cumplió su promesa de opacidad cegadora.
Surgió de la noche espesa junto a sus esferas.
Arrastró los instigadores del orbe en pinceladas de color.
Calcó su mundo.
Fulguró de toda tenuidad.
( A Chempesaurio. A los plásticos.)
VII
Se lanzó escaleras abajo
Se lanzó escaleras abajo solo para escuchar
el grito con que, la inmensidad láctea,
hendía la madrugada silente.
Estatua quedó mirando la noche
regada de luminiscencias hasta
que el cuello no pudo más.
Entonces puso la pava, sólo para
acompañar el candor de su calentamiento,
que bullía misterios galácticos y policiales.
Sudó todo un Egipto,
conspirado de devenidos faraones.
La noche seguía cayendo sin fin, como
angustia en corazón de madre sin justicia, sin hijo.
Dentro de miles de pirámides humanas resonaba
a la misma hora, lento como camello,
un cerrado eco amnésico: "hasta encontrarlos"
(A Rosa Schonfeld. A Juan Gelman.)
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