Argentinos de vacaciones VIII (2da. temporada)
Plena, esa es la palabra que la define. Así se sentía y, enmarcada en unos anteojos de sol que le quedaban perfectos, extendió una lona de playa , y como efigie, se refugió en la tenacidad del calor de verano, a la vista de los vasallos de su seducción.
De dorado algarrobo su piel, daba sombra y cobijo a arrebatados enamoradizos que paseaban tímidos sus erecciones, como guarecidos Eros de arena,inevitables.
Virgen a los cuarenta,jamás toco un hombre.Ni mujer.Nunca terminó de aceptar a este mundo como propio.Ahora abría delicadamente un libro viejo de gastadas tapas duras de color negro,verde y bordó, a líneas ondulantes; sus hojas amarillas.
Semana tras semana dejaba discurrir el verano por su libro, ajena a la masiva excitación erecta de los hombres que, litúrgicamente, la contemplaban como rito.
Un día que olvidó el libro en la arena, uno de sus anónimos bronceados pretendientes lo recogió, para,ansioso, husmear intrigado las páginas que le arrebataban el tiempo a su musa.Curioso corrió hoja por hoja: todas en blanco.En la última página, una palabra de tres letras alzaba ráudamente el misterio a las cumbres etéricas.Seguida por un signo de interrogación, allí en el extremo inferior, la palabra 'Por' le hendió la mente.
Otro anónimo pretendiente que miraba envidioso esa escena, observó como el hombre se evanescía en arrítmicas titilancias, hasta que cundió su silencio visual.Nada.
No prestó caso a la escena, hacía calor, y el verano, la brisa del mar, el sudor, prodigaban ondulaciones visuales tramposas y misteriosas al ser conjugadas en las mentes.Típico de la estación.
Nadie en el resto de las vacaciones, ni en la vida, echó de menos a estos dos trémulos personajes de la playa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario